El Comentario del Samurái

El centro es la libertad, no la expresión

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Por El Samurai.

Este viernes se celebró una vez más como cada 7 de junio del día de la libertad de expresión. Un día muy importante para todas las personas que nos dedicamos a dar a conocer los contenidos informativos que se generan a cada instante en nuestro estado. Es normalmente en Veracruz el día en que se celebra de una forma cortés, en una pequeña tregua, a los representantes de la prensa que casi normalmente buscan de forma crítica allanar las diferencias entre gobierno y sociedad.

La prensa, sin embargo, no está ni debe estar exenta de posturas personales, de decisiones particulares y al mismo tiempo de opiniones únicas. La idea mitológica, casi mágica, en la que un periodista está al margen de cualquier punto de vista no es si no precisamente un mito, una leyenda y básicamente, una mentira.

El mismo concepto de libertad de expresión deja en claro que un periodista, respaldado por ese derecho y garante de la opinión, puede decir lo que piensa y considera correcto. Asimismo defender o criticar lo que considere justo. Libertad, es el centro de la frase y no expresión, por lo que nosotros, como personas, no sólo como periodistas, debemos de acatarnos precisamente a la libertad que tenemos para poder dictar nuestra propia opinión. Ya he comentado previamente en años anteriores, más o menos por estas fechas, que es muy difícil dar una opinión completamente centrada y no trivial; que al mismo tiempo, sea absolutamente imparcial, porque cualquier cosa que se diga estará influenciada por nuestro punto de vista y por nuestra forma de comportarnos.

En otros países, como en Estados Unidos por ejemplo, muchos medios de comunicación pueden y de hecho, lo hacen, dictar su opinión acerca de una u otra posición política que deciden tomar desde las cabezas de
sus medios, y no es mal visto. No es mal visto porque de esa forma, las personas pueden optar libremente por decidir a quien escuchar y cómo enfrentar ideas y diferentes posicionamientos claros, precisos y transparentes. La libertad es pues más importante entonces, que la expresión.

Es cierto que nuestro país se encuentra aún subdesarrollado en muchos temas, no sólo comparándonos con Estados Unidos, sino con muchos países, incluso dentro de nuestra Hispanoamérica. Pero también es de notar que estamos deseosos por desarrollarnos y evolucionar. Un caso claro de expresión libre se dio del año pasado, e inició con un zapatazo dirigido a la cabeza del presidente Enrique peña Nieto, en ese entonces candidato; quien buscaba el favor de los estudiantes en la Ibero, salió corriendo con sus gritos de fondo, mismos que le
impidieron hacer un círculo de comunicación entre ambas posiciones. El movimiento “yo soy 132” fue un franco punto de expresión de estudiantes y ciudadanos que buscaban, originalmente, oponérsele a quien consideraban su enemigo; y aunque muchos no supieron cómo enfrentarse a la realidad que ellos representaban, dando así vergonzosos casos de represión como en la mayoría de los posicionamientos la sociedad dio un espacio para que éstos jóvenes se desarrollarán, crecieran y como buen movimiento, desaparecieran. Algo similar se está dando a lugar el día de hoy con la representación de una mascota, conocido como “el gato Morris”, quien es el símbolo de una post revolución en Internet, donde a modo de broma la gente expresa sus puntos de vista en contra de las típicas políticas, y en este caso, de todos los políticos. Sin embargo el gato Morris es no un fenómeno de Internet, sino una prefabricación de un usuario que intentó darle algo de humor a las elecciones en Xalapa. Sus meses de promoción tuvieron buen recabo cuando los medios nacionales e internacionales le prestaron unos breves segundos de su tiempo. Así ese modo, el gato se infló con las visitas de todo el mundo, no sólo de esta pequeña pero maravillosa ciudad que tenemos por capital en el Estado.

En su mayoría, los candidatos a alcaldes de Xalapa lo consideraron una amenaza convocada por los demonios más poderosos de los partidos opuestos. De inmediato atacaron al gato como si se tratara de un robot gigante estilo manga (cómic japonés), y como si de ello dependiera su futuro político en la nación. Américo Zúñiga, candidato de la alianza “Veracruz para adelante” tomó una posición diferente; con humor, abordó el tema a solicitud de los medios de comunicación. Dijo que sería un fracaso para los políticos que como él, buscan acercarse a la población y solventar las deficiencias pasadas, si este gato (simpático y ladrón del corazón de muchos), ganara en las urnas con el voto que sería considerado nulo.

Debo decir que eso es imposible, precisamente porque la mayoría de las visitas que tiene el gato en su página no proceden de la ciudad de Xalapa, pero como símbolo de la voz de una sociedad agotada y cansada, tiene un gran valor que Zúñiga Martínez está reconociendo. Esto simple, no se puede luchar contra una sociedad agotada; hay que trabajar con ella y formar parte de su entorno y sustancia para poder seguir gobernando y así, dirigir a la misma sociedad como parte de su propio cuerpo en el desarrollo necesario e indispensable. Dijo Américo, hace algunos días, que debatiría con la persona que junto con él encabezaran los primeros lugares. De este modo se puede decir que el único con el que podría tener un debate sería con el gato Morris.

Pero la libertad tiene una “desventaja”, los límites, esos que son impuestos por nuestra propia seguridad y para que nuestra vida no sea cortada de tajo por los riesgos. Es la razón de la gobernabilidad, de los mandos policiacos, en las leyes y las reglas cívicas, sociales y jurídicas. Es la razón por la que la anarquía es de todas las filosofías políticas actuales, la menos indicada para una sociedad progresista y desarrollada.

Entonces hay que pensarle bien, porque las cosas no se resuelven inventándonos ficticiamente por quién votar. Mi papá, también siendo una persona que creció en medio de la política y de la prensa, llegó al momento en que no quería votar por nadie más que por el pato Lucas. Y así lo hacía todas las veces. Sin embargo no veremos jamás una caricatura tomando el control del país, aunque pareciera que a veces sucede así, dado lo graciosos y desquiciados que parecen algunos que llegan al poder.

Volviendo a la libertad de expresión, creo que ha llegado el momento en que debemos de madurar como sociedad, y olvidarnos de simplemente expresar lo que pensamos, acatándonos a la responsabilidad de decir solamente aquello que es necesario decir. Éso es difícil de aprender, y dudo mucho que lo alcancemos pronto, pero hay que hacerle el intento, porque sino todos pagaríamos el precio.
Quedo a sus órdenes en mi Twitter @ElSamurai.
Otzukaresamadesu.

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