El maestro rural, ejemplo de compromiso social y la esencia de su vocación.

Publicada en Publicada en Jueves de Mariell, Opinión

Soy orgullosamente hija, nieta y sobrina de maestros. He crecido entre pláticas de sobremesa con el tema cotidiano: La educación. En las conversaciones he escuchado cómo mi familia ha crecido en su campo laboral. Puesto que todos han pasado por experiencias hermosas llenas de aprendizaje, gracias a esos años de carencias y humildad hoy valoran su trabajo, se sienten orgullosos de donde empezaron y de todo lo que hoy han logrado.

Todos los maestros soñamos con laborar en un centro de trabajo donde haya comodidad y tecnología en sus aulas. En donde los alumnos tengan un sano desarrollo familiar y social en el contexto donde se desarrollan. Pero como en todos los perfiles profesionales, existen carencias en el medio. Las cuales debemos enfrentar con valentía y vocación.

Desde épocas revolucionarias los maestros han sido uno de los principales luchadores contra el animal más vil y cruel que ahonda la pobreza y reprime la superación; el peor de los vicios, el más grande de los males: ¡La ignorancia!

Ningún maestro está preparado para ser un “educador rural”. Sin embargo, se tiene el deseo de emprender esta carrera y adentrarse en inhóspitas tierras, dejando en segundo término a su familia y amigos. Pero existe un sentimiento aún mas fuerte: El amor de servicio que nuestra Patria necesita. Con el objetivo personal de llenar esas mentes de sueños y proyectos de vida.

Desafortunadamente, de acuerdo con el CONEVAL, en nuestro país existen 11.5 millones de personas en situación de pobreza extrema, lo que quiere decir que 1 de cada 10 mexicanos la sufren y todo por no tener una digna escuela y un maestro que los motivara en el camino del saber.

Actualmente hay maestros que les lleva días para llegar a su centro educativo. Unos deben de caminar por horas en pleno sol, otros tienen que cruzar en lancha lagunas o ríos. Pero ese tipo de obstáculos nunca los ha detenido, y jamás pasa por su mente abandonar su misión educativa. Hay maestros que deben fundar escuelas, es decir: Empezar desde cero, debajo de un árbol, con sus alumnos sentados en la parcela sin ningún recurso económico y material.

Ahora bien, existen maestros que deben fungir varios papeles en la escuela. Un ejemplo de ello es llevar todo el control administrativo, estar a cargo de dos o más grados diferentes, además hacer la limpieza antes y después de cada jornada escolar.

Su motivación es una herramienta, la más grande y poderosa que cualquier recurso tangible: Entrega a su profesión.
Los maestros rurales conviven con los más desprotegidos, comen en su mesa, comparten su pobreza y la tristeza de vivir en condiciones no aptas para el ser humano.

Existen alrededor de 13.7 millones de personas indígenas en el país, de los cuales 6.7 son hombres y 6.9 son mujeres, pertenecientes a 62 diferentes grupos étnicos según datos de la UNICEF y sólo el 64% asiste a una institución escolar. Así mismo, los maestros rurales han demostrado que un alumno que se encuentra estudiando en la comunidad tiene las mismas oportunidades de aprendizaje cognitivo y desarrollo profesional que un estudiante que se encuentra en la zona urbana en una escuela privada. En recientes resultados los alumnos indígenas han obtenido los mejores puntajes nacionales en matemáticas y ciencias según la prueba de ENLACE que se realiza cada año con el objetivo de evaluar el avance educativo del País.

Les recomiendo leer el libro de Octavio Ricardo Valdez Vega, titulado “Misionero”, narra sobre la vida de un maestro rural. El autor invita al lector a valorar y respetar la vocación de la educación.

Para finalizar, los invito a reflexionar sobre el esfuerzo cotidiano de todos los maestros rurales. Esta profesión definitivamente exige servicio de entrega y amor a la enseñanza, puesto que está en nuestras manos el futuro de México.

Pienso que el verdadero maestro no es el que enseña contenidos, sino aquel que se compromete de corazón con la humanidad, que se atreve a salir de su zona de confort y arriesga todo por su profesión. El que ve la enseñanza como una forma de vida, que nunca se detiene por ninguna adversidad. En el que sólo lo impulsa su compromiso social y la esencia de su vocación.

Mariell Díaz Zúñiga

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