El Comentario del Samurái

El peligroso asunto del gas

Cuando iba a la primaria aprendí dos cosas con mucha claridad: ser diferente te hace merecedor de bullying – acoso, violencia, en ese entonces sólo se decía “jugar pesado” – y que los gases son peligrosos. En esa época tan “discreta” no se podía decir que alguien se había tirado un pedo, más bien con toda discreción las personas adultas lo disfrazaban diciendo que a uno se le había salido un gas. Es decir, el gas siempre ha sido un pedo.

En realidad no son esos gases, las flatulencias humanas producto de la combustión y procesos digestivos que nos nutren, a lo que quiero aludir en este espacio. Quiero dar mi postura acerca de la tan polémica idea de la futura construcción de un sistema subterráneo de distribución de gas natural en Xalapa. Lo cual, parece que para muchos es un pedo.

El gasoducto de Xalapa ha sido polémico desde hace años y ahora parece ser la bandera predilecta de muchos para atacar al gobierno municipal y así sacar más votos para sus partidos, como si no bastara el enorme daño patrimonial de Javier Duarte al estado y el enojo por los malos resultados de muchos políticos en todos los niveles y partidos. Pero es un tema complejo, nada sencillo de hecho, no es algo que se resuelva con un café y una dona o haciendo una “consulta popular“.

El estudio, antes que todo

Sí existe un estudio, presentado a la SEMARNAT y publicado en su propia página web; que la gente no lo busque o no sepa cómo encontrarlo es más bien tema de la brecha digital que la misma población permite, porque para muchos internet es sólo facebook y memes de gatos. En él la “Compañía de Autoabastecedores de Gas Natural de Xalapa, S.A. de C.V.” da sus razones y motivos para plantear el proyecto.

¿Y entonces cual es el problema? Pues en realidad no hay problema. Son muchas las razones que se conocen para preferir gas natural antes que el licuado de petróleo (LP). De entrada es más seguro y ya instalado es más económico. En lugar de enchufar una manguera desde un tanque móvil a un tanque estacionario en nuestros domicilios el gas natural llega por tubería y el consumo se ve en el medidor, como con el agua o la electricidad y dado que es menos pesado, el gas natural se escapa más rápido en caso de fuga y tiende a ser menos explosivo; por tanto es más seguro. Aquí la cosa es que no hay una instalación en Xalapa, por lo que estamos obligados a aceptar el gas LP puesto que es la única opción disponible. ¿Será que las gaseras locales no quieren competencia?

Las malvadas empresas como Nestlé

Pero uno de los motivos que más señalan para rechazar el gasoducto es que podría estar siendo impulsado por Nestlé. ¿De verdad? Bueno, si yo tuviera una empresa de esa talla desde luego que también buscaría que se instalara gas natural en las inmediaciones de mis plantas, buscaría dar todas las facilidades. Esa es la virtud de las empresas, no sólo dan trabajos, también impulsan el desarrollo de infraestructuras, porque pueden, sí, y pueden porque les conviene. Pero la gente como nosotros gana con ello, gana porque si ellos se interesan en promover una infraestructura para su consumo ya será más fácil que nos sirva a nosotros, consumidores caseros.

Claro que no nos va a beneficiar de inmediato, la construcción tardará años y luego viene la implementación. Si se dan prisa yo creo que hasta en unos 5 ó 7 años podremos estar haciendo contratos de gas los usuarios pequeños y eso, estando cerca del principal canal de distribución. Temo decir que el miedo, el rechazo retrógrada a empresas (sólo porque son ricos y hay que odiar a los ricos) y el desconocimiento – como siempre – retrasan este tipo de implementaciones. Sólo vean como ejemplo el miedo que la gente le tiene a las antenas celulares porque existe el mito de que provocan cáncer, así que, cuando se logra poner una antena en una colonia, muchos vecinos buscan forzar su retiro. Si alguien adquiere cáncer (por mera cuestión genética, exposición al sol, al tabaco, a comidas muy condimentadas, a demasiado colesterol o por otras causas comprobadas) de inmediato asumen que es la antenota la que lo provocó; aunque en realidad las antenas (y los microondas, de paso) no emiten radiaciones, sólo ayudan a transmitir frecuencias de onda, y no rompen las estructuras de ADN de las células (mutándolas). Es decir, no provocan cáncer.

Pero el miedo es uno de los motores humanos más poderosos, así que miedo a tener un tubo con gas cerca de casa provoca disgusto; aunque la gente olvide que ya tiene un tanque de gas en el patio o en sus azoteas exponiéndose al sol, la lluvia, el óxido, la presión interna. Ilógico.

La inseguridad del gas

Ahora salen fotos de explosiones de gas como la de Guadalajara. ¿Pero a cuál se refieren? en 1992 la causa de la explosión fue la acumulación de gasolina y sus vapores en el alcantarillado. Es decir, no fue por gas natural distribuido en gasoductos como el que se proyecta en Coatepec, Emiliano Zapata y Xalapa.

Verdaderas explosiones de gas natural pueden ser como la presentada en la Ciudad de México el 4 de diciembre de 2015, donde el Gas Natural fue promovido hace años por Andrés Manuel López Obrador, por cierto. Una empresa manejando inadecuadamente una instalación de gas fue responsable de que tres familias perdieran su patrimonio. El 14 de abril de este año también hubo una explosión en la misma Ciudad de México. ¿Entonces sí es una bomba de tiempo el gas natural? Pues sí, claro, el gas natural es un combustible y como tal se incendia; pero igualmente lo es el gas LP y, de hecho, el gas licuado es mucho más inseguro.

En 1984 el poblado de San Juan Ixhuatepec casi desapareció en una explosión enorme, mucho más grande, tanto que iluminó otras poblaciones del Estado de México como un sol en el amanecer. Dejó cientos de muertos y daños, todo por una planta que en un descuido presentó la explosión en cadena de sus tanques exteriores de gas. El gas residual se mantuvo en combustión por días hasta que acabó por consumirse.

El decir que una instalación subterránea de gas es un peligro para la población es una falacia. Sí implica riesgos, pero menos que el tener plantas de gas en la ciudad, camiones pipa circulando en las calles o tanques de gas en cada propiedad privada – y es que siendo sinceros muy pocos checan que sus instalaciones estén en buenas condiciones – dichas instalaciones son totalmente nuestra responsabilidad.

Y entonces ¿va para atrás el gas?

No vamos a dejar de usar gas en nuestra vida. Eso es un hecho. Lo que “enoja” a los críticos es que se alude a conflictos de interés o preferencia a las empresas. O la falta de “consulta”. Yo diría que más bien es cosa de una diferencia en la visión de desarrollo.

Este es un proyecto que, aunque polémico, es necesario, incluso indispensable. El costo político por autorizar la obra de estas infraestructuras es mínimo comparado al empuje que representa para la sociedad. Desde luego que no se dará mañana o en un mes; tomará tiempo, pero es necesario dar el primer paso para que en algún punto podamos decidir entre tener un tanque de gas en la casa o que llegue un consumo controlado por tubería. Es lógico que las empresas grandes sean las primeras en beneficiarse y qué bueno, porque así será más fácil implementarlo a otros después.

¿Pero y la consulta? Pues consultar es bueno, pero ¿la mayoría siempre tiene la razón? Debo decir sin miedo a parecer intolerante que la afirmación de que “la mayoría no puede estar equivocada” es una falacia, falacia ad populum, de hecho. La razón no siempre es propiedad de un grupo mayoritario, quizá la preferencia de una decisión en términos democráticos (cosa que defiendo por necesaria), pero no la razón de ella. En un país mayoritariamente católico – por ejemplo – los evangélicos son minoría y en donde ambos son más, los ateos estamos limitados, restringidos, criticados e incluso discriminados. El miedo a la homosexualidad se nota en un rechazo aún mayoritario, dejando las iniciativas de defensa y equidad para tales colectivos en una mera idea, porque los grupos de “familias” impulsados por las mayorías religiosas aún tienen más peso para obligar a los gobiernos a tomar decisiones que impiden la institución de familias no heterosexuales, lo cual es otra gran deuda que urge legislar y autorizar. En Reino Unido el rechazo por la inmigración llevó en una consulta popular a sacar a la Gran Bretaña de la Unión Europea, desestabilizando las finanzas mundiales y promoviendo la discriminación como una política aceptable; cosa que por cierto, está sucediendo en Estados Unidos al amparo del gobierno de Donald Trump. Ser mayoría no implica tener la razón, pero las mayorías definen en una democracia las tomas de decisiones y el cabildo es en nuestros municipios la manera de evaluar esas decisiones; y así se hizo autorizando la construcción del gasoducto. Quizá la mayoría representativa de cabildo no refleje la de la población, pero es una mayoría informada y votada para representarnos en esas tomas de decisiones.

Y en estas circunstancias las oposiciones partidistas aprovechan para usar estas decisiones complejas como bandera para ganar credibilidad. Al ser de Movimiento Ciudadano algunos de los regidores que manifestaron su voto en contra, el candidato de dicho partido – de inmediato – lo ocupó como bandera electoral. La diputada local de Morena también aprovechó para manifestarse. ¡Y es correcto manifestarse! Pero lo que no es correcto es aprovechar la situación para ganar votos y, sobre todo, desinformar aprovechándose del miedo. Este tipo de acciones “difusoras del miedo” son más parecidas a las de los gobiernos que tanto critican ellos como lo han sido por años los de Fidel Herrera y Javier Duarte.

Si en futuros gobiernos se piensa consultar o no el freno a esta autorización municipal queda en la probabilidad del “veremos”. Al menos dos de los punteros en este actual empate electoral en Xalapa – Montano e Hipólito – han expresado que quieren consultar a la ciudad acerca del tema. Y está bien, pero este margen de tiempo nos da espacio para aprender realmente de qué va el uso del gas natural y sus beneficios, lejos de las campañas de miedo que quieren aprovechar algunos como mera estrategia de ataque a un gobierno municipal que está mucho mejor calificado que el federal o el estatal en este momento.

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