El Comentario del Samurái

Grillos xalapeños que no se olvidan

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El día de ayer se recordó un año más de la terrible noche del 2 de octubre, esa en la que cientos de estudiantes sufrieron dolor, pánico, golpes y muchos la muerte por participar en un movimiento estudiantil de los muchos que hubo en esa generación. El gobierno de la época, altanero y prepotente, intentó disuadir con violencia a los jóvenes que, llenos de ideas comunistas, no cejaron en su empeño de obtener sus intereses atendidos. Evitaron la violencia pero continuaron su lucha, obteniendo del gobierno de entonces golpes, desapariciones forzadas y la muerte más anecdótica de la segunda mitad del siglo XX en México.

Deberíamos haber aprendido, pero estamos lejos de ello. Los gobiernos, muchos de ellos, encontraron maneras más sutiles de conducir la opinión pública a sus intereses. Aunque no todos, aún muchos ocupan la violencia como primer paso. También hay casos en que los políticos refrendan la confianza que deben generar en esta nueva generación, como Osorio Chong quien no dudó en dialogar con los estudiantes del Poli. Hay estudiantes dedicados y rebeldes, pero sensatos, como los politécnicos y otros grilleros y decididos a tomar por la fuerza su catarsis. Muestra de lo último son los jóvenes que no eran infiltrados, sino que con todo el apoyo de los marchistas recorrieron el Centro de Xalapa este pasado 2 de octubre, dañando cristales, pintando casas y bardas, destruyendo propiedad pública y privada y todo sólo para mostrar desconocimiento al gobierno actual. Personas que antes congeniaban con los movimientos de primavera recientes en México se muestran desilusionados por estas acciones. Y ¿quién gana? Cuando un gobierno calla las manifestaciones con violencia todos perdemos, pero cuando las manifestaciones se hacen con violencia sólo pierden los más desvalidos, los jodidos, los desamparados. La sociedad, y en particular la de Xalapa, no debe olvidar lo sucedido, porque si bien no estamos obligados a estar de acuerdo y el gobierno debe respetar cada manifestación de inconformidad, estas deben ser más sensatas, elocuentes y sabias que todo aquello de lo que se quejan. Debemos dejar atrás los palos y tomar los diálogos o nuestra sociedad terminará en el olvido, el olvido que todo lo pierde, el que más duele.

Foto: Janete Xahuentitla

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