Historias de taxistas

Publicada en Publicada en El Comentario del Samurái

Por El Samurái

Yo soy una persona que tiene mucho aprecio a los ruleteros, esos grandes maestros del volante que aún teniendo muchas veces títulos de universidades han decidido agarrar el carro para poder tener una profesión digna que implique trabajo sano y honesto. No es que ser licenciado en leyes sea algo deshonesto, pero muchas veces a falta de trabajo en la rama que han estudiado, entonces deciden tomar el volante y andar de chafiretes.

Así pues taxistas, hay de todos tipos, de todos tamaños y de todo tipo de lenguaje. Los hay modestos, sencillos, callados y reservados pero también los hay quienes son pelados, albureros, mujeriegos y expertos en cualquier cosa que se toque en el tema que, inclusive, no vaya dirigido a ellos. Taxistas hay como flores en el campo, como dulces en una confitería. Toda cantidad y variedad queda reducida a una mera suposición, puesto que nunca habrá un taxista igual a otro.

Además los taxistas son las personas más informadas que existen en una ciudad. No sólo saben todas las rutas a recorrer para llegar más pronto o hacer más tiempo y cobrarle más al pasajero, sino que además se untan toda clase de mugres para curarse una cantidad impresionante de enfermedades que quién sabe de dónde salen, hablan con todos los políticos que hay en la ciudad, conocen a los empresarios más destacados y ven todos los programas de televisión y leen cada periódico que existe.

Y no es por echar chisme, pero les voy a contar lo que dos taxistas me dijeron en estos días electorales.

Primeramente, y aunque confío en la honestidad de estos taxistas, quiero dejar muy claro que no dejan de ser las ideas y perspectivas de ellos, y me parece muy curioso y al mismo tiempo, sensato, decirlo por el folclor de dónde vienen y las personas que están incluidas. Hechas las advertencias, voy adelante con las historias.

El caballo nuevo de doña Dulce

Uno de ellos me contó que fue invitado a una presentación en el hípico, aquí en Xalapa. Allí, acompañando a la persona que lo invitó, me tocó ver cómo llegaba en un carísimo caballo doña Dulce a Dauzón montando, si tal como lo leen; montando a caballo. Allí al lado de los presentes, incluyendo aquel que le había llevado de compañía, le tocó escuchar cómo la señora Dauzón les dijo a quienes se encontraban en el lugar: “¿Cómo ven lo que dejan las campañas?”, presumiendo así, un caballo pura sangre recién adquirido.

Yo no puedo estar seguro de ello, porque ni siquiera sabía que la señora montada a caballo, pero sí me parecería indignante si resultara ser cierta esta historia, puesto que ese dinero de las campañas debe ser usado en lo electoral y no en la compra de animales de lujo para el uso personal.

Las costumbres secretas de Abel

Hoy por la tarde encontré una taxista (mujer, por eso escribí “una”, no es error de dedo), que me dijo que no votaría por Abel Cuevas porque lo conoce muy bien, debido a que él iba a comprar a una tienda naturista donde ella laboraba, algunas cosas “interesantes”, por llamarlas de alguna manera.

Dice que allí lo conoció como un hombre que parecía actuar con más amabilidad de la que se le notaba, al grado de que se veía muy coqueto con las mujeres que atendían en dicho local. Es decir, que para la taxista que me iba contando su historia, el señor Cuevas se presentaba con aires de galán, platicando y riendo con todas las personas del mostrador. Ya allí, solicitaba que le vendieran un producto rico en “taurina”, que es bien conocido en la tienda por sus propiedades motivadoras durante las horas más intensas de la vida privada (ustedes entienden). Y después de citar la frase “dime de que presumes y te diré de que careces”, terminó diciéndome que realmente le tiró los canes a todas las mujeres que estaban allí y que ella salió bien librada, porque se considera a si misma una mujer sin gracia y sin chiste, cosa que le salvó de caer en las redes del político de Coatepec.

Historias de Cuevas Melo hay muchas. Como esa que cuenta una compañera de la prensa coatepecana (de quien me reservo el nombre) en la que el vampiro pasaba por donde ella tomaba su camión y a la voz de “¿a dónde vas? Súbete. yo te llevo” la acosaba con frecuencia.

Pueden ser chismes o no, pero estas historias dicen mucho de lo que la gente se pasa de boca en boca en la ciudad en la que vive, siendo una expresión de sus miedos, y de la desconfianza sembrada por estas personas. Es cierto que Dulce Dauzón se anuncia como una mujer nacida emprendedora y ciudadana, pero no es más que una política de entre muchos otros, ni política, ni ciudadana, una de tantos “jalapuestos” comunes y corrientes. Ahí está el escándalo causado por la inclusión de su hija dentro de su planilla como ejemplo sencillo. Abel Cuevas tiene que estar lidiando con los recursos legales en los cuales se encuentra involucrado, teniendo que dar explicaciones acerca del caso de fraude en la Estela de la Luz y los fraudes cometidos en Sedesol cuando él se hacía cargo.

Los chismes pasan, pero al final son miedo tangible. Ese que la gente siente hacia los políticos tradicionales que viven a costa de nuestras propias finanzas, como si no fuera suficiente con tener negocios millonarios y heredados, como el de las pastelerías, o los que Abel Cuevas seguro dejo pasar por sus manos durante su tiempo en la Secretaría de Desarrollo Social.

Y como no puedo confirmar estas historias, me remito a pasárselas tal como les escuché, sin adornos ni flores de ningún tipo. Tal vez tal vez deberíamos esperar a que estos chismes se confirmen, tal como se confirmó el viaje de la hija incómoda de Dulce a Dauzón a las Vegas, donde obviamente no sabremos qué pasó, porque todo lo que allí sucede, allí se queda; ya sólo falta una semana para poder soportar lo que queda de las campañas y rezarle al santo de nuestra devoción para que no quedemos afectados y las familias no queden rotas por los ataques que cada candidato, en su propia guerra sucia, impone.

Yo, por mi parte, quisiera que en algún momento las campañas tomaran un rumbo más humano y realista, en lugar de tener tanta frivolidad y vaciedad. Creo que si la política bien tiene que cambiar, también debe ser para mejorar, no solamente para eliminar a los políticos como algunos proponen con sus “candigatos”.

Quedo para ustedes listo a recibir pastelazos, aventones en taxi y… nada más; en mi twitter @ElSamurai. Otsukaresamadesu.

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