El Comentario del Samurái

La culpa es de otros, sobre todo cuando es nuestra culpa

Hace unos meses comencé a darme una vuelta por un montón de basura que crece y se reduce a cierto ritmo en una de las calles por donde siempre paso, Prolongación Sebastián Bach, a unos 50m de Av. Araucarias, en una de las zonas más acomodadas de Xalapa. El lugar tiene al menos dos señalamientos de prohibición de tirar basura por parte del ayuntamiento y el camión pasa al menos tres veces por semana con frecuencia definida y conocida por todos los vecinos; no hay pretexto, la zona, habitado por personas digamos “medio pudientes” o por lo menos de clase media, cuenta con todos los servicios necesarios.

La basura es uno de esos problemas que tenemos encima sin saber cómo quitarnos, al menos en México; nuestro país es uno de esos pobres territorios (lo digo con dolor) en donde los desechos forman parte de la decoración diaria, el paisaje, el tiempo más frecuente. Donde vayamos en este país encontraremos basura violando nuestras calles, adulterando con nuestro ecosistema y corrompiendo nuestro entorno; la contaminación es la más pura expresión de esas cosas que no queremos pero mantenemos: no queremos basura en nuestras casas, pero todos la sacamos donde afecta a los demás.

Bueno, no todos, en realidad aunque parezca presuntuoso, muchos sí hacemos un esfuerzo por separar sólidos, clasificar materiales, crear composta o entregar los orgánicos separados de los demás grupos. Incluso entregamos lavados y empaquetados los inútiles despojos que quedan de nuestra privilegiada vida moderna.

Pero bueno, entonces – aunque no es necesaria – así puedo decir que tengo suficiente autoridad moral para poder decir que no es mi culpa cuando ese montón de basura crece, porque no son mis hábitos los que lo permiten, ni mis culpas las que hacen esconder la cara a los que dejan allí sus cosas cuando alguien los cacha. Esa basura que nos avergüenza no llega sola a las calles, no “tiene patitas”, como he dicho en videos y otros medios. La basura no nace, crece ni se multiplica por sí sola, requiere ayuda, requiere un ser “inteligente” (al menos en apariencia) que la deje abandonada.

Eres lo que desechas

Sabemos que es mucho lo que se puede averiguar de una persona cuando revisamos su basura. Facturas, documentos de retiro bancario, cajas de lo que se compra; incluso podríamos analizar lo que comió y el estado de salud de los  miembros de alguna familia, si tiene mascotas y cómo los trata. Sí, la basura abandonada es un retrato fiel de los hábitos, costumbres y las personas que los practican.

Dime qué abandonas en la calle y te diré cómo eres. De entrada, si dejas tu basura en la calle no esperes que piense que eres responsable, educado o instruido. Por mi puedes presumir tus diplomas y títulos en los muros de tu bien pintada casa con acabados coloniales, irte de antro con zapatos Chanel, vestir Gucci o usar un perfume que sólo puedes pagar a 24 meses sin intereses en una venta nocturna. Presume tu carro, ponte tus gafas oscuras, tira el rostro en el antro, date la vuelta por la plaza contando a tus amigos que te cambiaste de casa por una más grande. Haz lo que quieras, porque si tiras tu basura en la calle eres una persona idéntica a lo que desechas.

El hábito de desechar incorrectamente la basura es propio de salvajes, de personas que son humanos sólo de forma genética. Nuestros antepasados precolombinos lograron dar tratamiento correcto a sus desechos, pero con la llegada de la “plusvalía” europea de la conquista, eso dejó de ser importante. Ahora queremos lo que usan los conquistadores aunque haga daño a lo que conocemos y amamos; y por conquistadores quiero decir a todo aquel que vanamente admiramos sólo por una pose o por una frívola idea de superación.

Es hora de evolucionar, de dar otro salto para ser mejores seres humanos. ¿Qué tal si para variar dejamos de pensar en lo que hacemos como si tratáramos de ser superiores que los demás? Seamos mejores todos juntos. En ese caso, nuestras necesidades de grupo serían más importantes de lo que son ahora.

La basura es de quien la desecha, parte de lo que pagamos pues es envoltura, servicio, factura o respaldo de las cosas que adquirimos. Para consumir un huevo desechamos la caja de cartón y los cascarones; para beber agua desechamos la botella; toneladas de papel son sólo usadas para tonterías que ya podemos hacer con nuestros celulares (y no, no hablo de la higiene personal). Entonces deberíamos hacernos responsables de los desechos, porque, en realidad, hemos pagado por ellos, son nuestros.

El culpable perfecto

Ah, pero es que no podemos aceptar la responsabilidad de lo que queremos dejar; es como la ex pareja: pagamos un 25% del valor del producto sólo en la envoltura, pero como no lo queremos conservar, lo dejamos sin responsabilidad alguna. Y claro que no se trata de que conservemos todo. Si se trata de repartir “culpas”, aunque yo prefiero decirles “responsabilidades”, podemos pensar en algo más simple. Que sea algo tripartita.

El gobierno debe (con colaboración nuestra) encontrar las vías adecuadas para el reciclaje y tratamiento de los desechos, mantener rutas y horarios, además de imponer las multas adecuadas… pero en este pobre México, si el gobierno intenta multar a quien tira su basura en la calle, entonces se acusa al gobierno de prepotente. ¡Pero si esa es la ley y debe ser aplicada! Claro que siempre se acusa al gobierno de aplicarla de manera parcial… sin embargo entonces, ¿esa duda hace que no pueda aplicarse?

Por otro lado están las empresas, quienes con tal de “abaratar” costos de producción ocupan empaques que son altamente dañinos o poco reutilizables, con lo que se ahorran dinero pero nos perjudican a todos. ¿Y si hicieran una caja para empaquetado de su celular que sirviera como base de carga? ¿Si la caja de huevos sirviera como base de un jardín casero? ¿Qué tal si las cajas de zapatos llevaran unas instrucciones impresas para la construcción de macetas, dioramas para juguetes de niños, espaciadores de alacenas o separadores de herramientas?

Y por otro lado, nuestra responsabilidad como usuarios finales. ¿Qué tal si decidiéramos hacer lo que en verdad nos toca y separar, comprimir, reciclar, clasificar lo que es parte de nuestra compra? Nos encanta parecer más inteligentes de lo que somos, pero a mi no me engañan, si fuéramos tan inteligentes no habría tanta basura allí, tapando coladeras, provocando enfermedades, inundaciones, daño al ecosistema y malos olores. ¿Es que en realidad no pueden todos hacerse de unos minutos más para limpiar lo que es nuestro y no compartir basura con los demás? Sacar la basura a tiempo, no dejarla “para que luego la levante el camión”. Si prefiriéramos el consumo de empresas responsables y tuviéramos hábitos más sanos tanto el gobierno como las empresas estarían obligadas en México (y Xalapa, desde luego) a mejorar los tratamientos de desechos o producir empaques y materiales más amigables.

El culpable perfecto es el de siempre, cualquiera que no seamos nosotros mismos.

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