México, igualito a su selección de fútbol

Publicada en Publicada en El Comentario del Samurái, Opinión

Van a tener que perdonarme si no sé exactamente lo que estoy hablando en este caso, pero creo que como buen mexicano conozco lo suficiente como para abordar el tema aunque no sea de mi entero dominio. Toda la semana pasada las noticias más importantes no tenían que ver con los impuestos, el petróleo, los maestros, o las sinuosas curvas de alguna actriz de televisión o cine. Como se recordará, las primeras notas Y encabezados durante la semana pasada, todas ellas, tenían que ver con la selección nacional.

No estoy yo para contárselo, pero de todas maneras lo voy a decir, y seguramente usted va tener que leerlo porque por algo está en estas líneas, cosa que agradezco infinitamente, pero me gusta mucho ir al cine. Más aún cuando puedo ir acompañado de mi familia y amigos porque realmente no me gusta ir al cine solo. El punto es que durante la proyección de la película, al inicio cuando uno se tiene que chutar toda la serie de comerciales que acompañan a los trailers de las nuevas proyecciones, nos tocó ver un animoso anuncio de Coca-Cola donde se habla del orgullo Nacional por su selección y por la historia del fútbol en nuestro país; a lo que yo decidí reírme y comentar que como otro logro más nuestra selección iba de panzazo al mundial. Mis risas fueron interrumpidas por uno más de la audiencia que se encontraba sentado a mi lado quien dijo “no han pasado”, con un tono burlón como pensando para sí mismo: “este estúpido no tiene idea de qué está hablando”.  Como efectivamente no tengo idea de lo que estoy hablando en cuanto fútbol se refiere, porque para mí es algo tan importante como para usted es la crianza de bacterias para la producción vitivinícola, me reí y le dije que efectivamente no tenía idea de ello, pero que yo había alcanzado a entender que la selección mexicana estaba en vías de ir al mundial así, de panzazo. Mi amable y sarcástico compañero casual de asiento en la sala de cine me comentó que no habían pasado todavía y que iban al repechaje, por lo que todavía no tenían un lugar asegurado el mundial de Brasil.

Las encuestas que he leído en la semana sitúan a la selección en su peor momento, haciendo ver que una mayoría de la población, más del 60% quisiera que la selección no viaje a Brasil a codearse con otras selecciones que si se ganaron su entrada por méritos propios. Y yo mismo opino que la selección nacional no debería de asistir a un mundial en estas condiciones, porque en nada beneficia al orgullo nacional el que nos obsequien un lugar o lo ganemos como premio de consolación cubriendo así gran cantidad de errores, desaciertos, agravios, corruptelas, errores de administración y un fatídico orgullo que nos permite tomar como propios los logros ajenos cuando estos llevan incrustado el nombre del país.

Así, por algo no me gusta el fútbol, ni siquiera en términos de mundiales, es porque nuestra selección nacional siempre ha sido un claro ejemplo de nuestro caminar por la historia. Si bien ha tenido nuestro deporte algunos momentos lúcidos y muy probablemente luminosos, también hemos tenido grandes desaciertos y decepciones. Perdóneme usted si es fanático del fútbol, pero a mí siempre me ha parecido algo pueril que se haga uno fan de un equipo o selección sólo porque pertenece al mismo país que uno mismo. De este modo, en la primaria los niños odia van al equipo de España porque las lecciones escolares nos recordaban que España había sido nuestro país conquistador, del mismo modo también preferían a equipos como Brasil o Argentina cuando México no estaba presente en una competencia, porque pertenecían a nuestro propio continente, a pesar de que hubiera una mayor calidad de trabajo o desempeño en otras naciones europeas o asiáticas. Esto es una representación muy clara de nacionalismo, ese mismo nacionalismo que permite la existencia del racismo E incluso del nazismo. La competitividad no beneficia en nada cuando solamente competimos por el orgullo geográfico. Y es que no hay diferencia real que sea percibida en relación a la orografía o posición en el mapa donde viven dos personas, las verdaderas diferencias en la competencia se miden en términos de eficiencia y desempeño, incluso conocimientos y preparación, incluso es al final el resultado ante las pruebas reales de vida y la productividad diaria lo que nos deja ver en cuestiones de competencia quién es mejor que su alternante.

Lamentablemente el fútbol es una clara imagen de nuestro país donde premiamos la mediocridad sólo porque tiene el aval de la sociedad, donde nombramos líder o dirigente a cualquiera que tiene popularidad y nos olvidamos de buscar en sus capacidades antes de delegarle la dirección de nuestras vidas o de nuestro país. Por otra parte evitamos el involucrarnos en buscar soluciones reales, inclusive hemos aprendido a hacer de la queja y el sarcasmo nuestro lenguaje cotidiano para desenfadarnos de las presiones políticas y los enredos sociales en los que nos vemos involucrados debido a la corrupción tan cotidiana y común que vivimos. El fútbol nacional no es más que un pequeño luminar que parpadea en ciertos momentos, dejando ver algunos brillos, pero que nos mantiene acostumbrados a una lamentable y difusa luz que se pierde en la oscuridad en nuestra mediocridad. El fútbol debería de ser el vacío donde nos perdemos en los momentos que queremos olvidarnos de la triste realidad que pasamos, un momento en el que somos reyes junto con esos dioses que idolatramos por sus logros en la cancha. Pero no hay logros, lo que tenemos es un mero espectáculo y luces parpadeantes que nos convencen de algo que se aparta de la realidad, es un sueño lúcido, pero ni siquiera podemos darnos cuenta de cómo controlarlo o a donde dirigirnos en el.

La misma corrupción que desvía morbosamente los fondos destinados para el combate al hambre y la construcción de calles, es la que hace daño al entretenimiento nacional; el mismo tipo de corrupción que, dicen, en esta ciudad de Xalapa, ha conducido a su presidenta municipal a dirigir despidos discretamente dentro de su ayuntamiento y ha reducido casi a la mitad los ingresos de los empleados municipales, que falla en atender las necesidades reales y da lucimiento a obras innecesarias y burdas, obligándonos a preguntar a dónde se va todo el dinero que cuestan las obras reales que no se han hecho. Ese es el tipo de corrupción que inunda del fútbol y que lo hace fracasar. Los directivos del deporte nacional se conviertan en empleados construidos al modo de intereses personales y así comparte la enfermedad que mantiene a nuestro país con pérdidas.

Y no me quiero ir a la crítica fácil, porque no es correcto criticar por criticar, pero sí debemos entender que como decían en los ochentas, “la corrupción somos todos”, pues juntos compartimos un mismo destino construido en base a nuestros propios autoengaños. Lamentablemente no puedo sentirme orgulloso del trabajo de todos los gobernantes y me encuentro incluso más decepcionado que antes, pero pienso que no debemos vivir decepcionados de nuestra selección de fútbol o de quienes gobiernan, sino aprender a mantener el gobierno de nuestro país en nosotros mismos aunque la dirección constitucional y las decisiones legislativas tengan que ser llevabas por otros que no siempre nos representan.

Se dice que cada país tiene el gobierno que merece, pero yo creo que no sólo el gobierno, sino también los medios de comunicación, de entretenimiento, y héroes deportivos. Todo aquello que disfrutamos y que nos rodea es un reflejo de nosotros mismos y por tanto, el que nuestra selección nacional vaya a buscar entre lo que queda, entre los restos de nuestras hazañas pasadas, es debido que nosotros somos exactamente iguales en promedio a ellos y a nuestro gobierno.

Nuestra selección nacional podría no ir al mundial de Brasil, y aún así nuestra vida debe de seguir, pero no podemos permitir que nuestra ignorancia siga siendo la fuente de nuestros problemas. Lo he dicho antes y lo diré siempre, que no se trata de mejorar nuestros promedios escolares u obtener grados más altos estudios cada vez. Los más grandes ladrones en nuestro país son graduados de doctorados en universidades internacionales y muchas de las personas más preparadas pueden tener problemas psicológicos o personales que interrumpan su buen desempeño en el gobierno.

La capital del estado se encuentra sumida en su peor momento. No puedo decir que sea sólo problema de su presidenta municipal, tampoco puedo culpar a los votantes que la eligieron, al gobierno del estado o incluso federal anterior o presente. Estamos sumidos en una crisis personal y social, y nuestras autoridades así como la selección de fútbol, son el reflejo de nosotros mismos, pregunte sus amigos y familiares que harían si fueran presidentes municipales de Xalapa o de la ciudad en la que usted vive, me atrevo decir con las disculpas correspondientes por mi suposición, que una buena parte de sus conocidos diría que robaría pero poquito, que se llevaría a su casa para “vivir mejor” pero que salpicaría a otros para beneficiar a todos.

La corrupción somos todos y eso no se quita con grados de estudio, sino con el crecimiento de nuestra honestidad, solidaridad y abandonar esa estúpida competencia para intentar ser mejores que otros. Jamás arreglaremos nuestro destino como sociedad gritando en las calles o bloqueándolas, y menos si sólo nos mantenemos en quejas y separados entre nosotros mismos. En cuestión de unos meses tendremos nuevos alcaldes y diputados y algunos de ellos parecen ser buenas personas (les daremos el beneficio de la duda hasta que se pruebe lo contrario o no), algunos parecen ser una sarta de ladrones y no merecen “representarnos”, pero si no aprendemos como sociedad a ser mejores en nosotros mismos y a dirigirnos entre todos siempre tendremos el mismo problema y seguiremos siendo la sociedad del “ya merito” y de los pases condicionados al fracaso de nuestros competidores.

Quedo a su servicio, para lo que se les ofrezca en mi Twitter @ElSamurái. ¡Otsukaresama desu!

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