Mi encuentro con Germán Dehesa

Publicada en Publicada en El Comentario del Samurái, Opinión

Dicen que no existen las coincidencias. Racional y escépticamente, que es como yo normalmente pienso (con todo y mis ridiculeces personales), tampoco creo en ellas. Creo en el orden del caos, en el cruce de líneas matemáticamente dispuestas en una red divina y hermosa como la que describe Fibonacci. Para mi no hay designios divinos que contradigan al libre albedrío, ni destino predefinido, ni coincidencias y menos “causalidades”; pero como ser humano que soy, me contradigo con frecuencia y contradictorio como tal, creo en la magia de los momentos.

No, no en esa hechicería chunda y negociante que pasa por la tele después de la media noche en anuncios, ni en la Rosa de Guadalupe o la que que se despliega en las planas de los periódicos, resolviendo encargos, deshaciendo ataduras y maquinando trabajos para personas crédulas y desesperadas. Creo en esa chispa que aparece en la mirada de los amantes, en el sudor que corre frío por la espalda cuando las lineas de la serendipia aparecen ante nuestros ojos. Creo en la magia que nos aprieta de los cojones por sorpresa.

Y el día de ayer fui víctima de esa magia mientras cubría la toma de posesión de la nueva Rectora de la UV, Sara Ladrón de Guevara para este sitio, de quien escribí también desde antes. Llegué casi dos horas antes al evento, listo para ocupar el mejor lugar a lo lejos. Ayer no tenía ganas de andar dándome de empujones con los demás fotógrafos ni andarme escapando de los que corren a la prensa de donde están las buenas fotos.

En mi vasta ignorancia no me di cuenta que el área destinada a prensa estaba dispuesta en Nivel 1, antes de la entrada del ala izquierda del edificio que da paso a la sala 3. Si pudiera recordar todos los detalles publicados en la prensa desde hace años, la sorpresa no hubiera sido tal. Dando vueltas por la zona con mi iPad en las manos, llamó mi atención un marco alto y dorado puesto sobre un atril al nivel del piso. La extraña ubicación de tal artefacto de exposición me hizo sentir curioso, por lo que parado de puntas, porque no soy precisamente una persona alta, me di cuenta que el marco revestía el cuadro donde un hombre calvo, orejón y pequeño se veía cruzado de brazos y en pie. Lo reconocí de inmediato.

Dispuesto a romper todas las medidas de seguridad, me apresté a riesgo de que me detuvieran las fuerzas del orden como a anarco encapuchado en marcha del CNTE, pero como no había nadie a quien pedirle permiso, y en una biblioteca universitaria lo único que uno puede robar es algo de conocimiento, me decidí a infiltrarme al recinto. A paso sigiloso, haga usted  de cuenta como Jim Carrey cuando se coló al tanque del tiburón en “Ace Ventura”, pero con menos gracia, rebasé la puerta y pasé por los pasillos del abandonado espacio, llegando a una sala bonita y acogedora, donde en una esquina, su propietario me daba la bienvenida.

Me le quedé viendo, de los pies a su brillante cabeza. Le revisé las orejas, enormes y desde lejos, no vaya a ser que si me acerco a la pintura suene una alarma y entonces sí me lleven preso y tenga que compartir celda con Elba Esther Gordillo, quien ha de estar desesperada por el aislamiento y la falta de amores. Dios me libre, no quiero ni pensarlo. Y pues sí, era él, quien yo creía.

Lo miré de nuevo, como a una persona que no está allí, como a un fantasma, o mejor aún, igual que a las pinturas mágicas que Rowling colgó en los muros de Hogwarts. La neta, y no me tire de a loco usted que lee, sentí que me hablaba. No me dijo – Samurái, yo soy tu padre – ni cosa parecida; pero estoy seguro que algo me dijo.

Le pedí permiso, saqué mi iPhone con dos rayitas de batería y le tomé una foto al cuadro y luego me tomé otra foto con él, ya sabe, p’al feis. Me despedí cortésmente y salí con el iPad bajo el brazo y la emoción en alto. Yo no sabía que dicho espacio es la biblioteca personal de Germán Dehesa, misma que donó y heredó a la Universidad hace algunos años, por petición expresa del mismo periodista y autor, a quien podrá usted comprender que admiro con profundidad.

Me senté a esperar el evento, recordando sus libros, sus más de mil quejas, necesarias todas ellas contra Arturo Montiel, su amor por la gente, su rechazo a las malas mañas políticas pero su apertura a dialogar con el gobierno. Abrí mi iPad en la aplicación de Facebook y justo allí recordé con la publicación de la página oficial de Germán Dehesa que era, ese mismo día, su aniversario luctuoso. Nunca recuerdo cumpleaños ni aniversarios, menos fechas mortuorias; no soy tan sádico como para celebrar el paso del tiempo que reduce nuestras posibilidades de crear trascendencia. Pero recuerdo a las personas que amo, que son muchas y una de esas personas estaba allí, desde un cuadro mágico, platicando conmigo hacía sólo unos minutos el día en que se cumplen 3 años de que desplegó sus alas. Serendipity.

Reforma de maestros que también se necesita

Hoy la Ley General de Servicio Profesional Docente queda prácticamente avalada por el senado, con 20 reservas aplicadas por el PRD y 2 por el PAN, la ley creará descontento, a pesar de que sale con lo que los quejosos piden. Perdónenme, pero no me puedo poner del lado de los que bloquean calles y abandonan escuelas para trastornar la vida de muchos más, en lugar de sentarse a negociar lo que a ellos no les parece.

Sin embargo, yo he perdido toda confianza en la mayoría de docentes, porque me ha tocado sufrir al lado de mi hija, a quien mi esposa y yo apodamos Pádawan, las negligentes y constantes constancias suyas de ellos, los maestros. Hoy la Pádawan no fue a clases porque sus maestros, o la directora de su escuela, pública, y miembros de sindicatos independientes, han decidido apoyar la oposición a la reforma con una huelga ” a favor de la educación”.

Pues a favor de la educación, yo pido que reformen no sólo la ley, que así como va no me parece tan mala (hay que leerla bien); así mismo imploro, exijo, que se reformen a autoridades, sindicatos y maestros. Y enfatizo maestros. Debería ser requisito cumplir con estándares internacionales de derechos humanos y tolerancia para ser educador; porque no ha faltado el pseudo docente que le dice a la Pádawan que “los tatuajes sólo se los hacen los criminales”, que los piojos “no se suben a los que van peinados” o que debe de hacer una consulta cívica y democrática para poner un CD con música de los Beatles… esos ingleses salvajes. ¿Pero qué podemos esperar de una escuela donde la directora tiene más faltas de ortografía que diputados plurinominales el congreso?

Sí, yo pido que se califique a los maestros. Quiero que quiten a esas personas que heredaron la plaza de sus padres y que de educación saben lo que yo de literatura Klingon. Espero que los niños tengan alimentos sanos y no gorditas, picaditas, sopes, panuchos y chicharrones con salsita valentina allí en el recreo, fortaleciendo nuestra posición de primer lugar en obesidad mientras las maestras beben café y comen galletas compradas con la cuota escolar “no obligatoria”, pero que se debe de pagar si no queremos ser expuestos a la entrada del colegio en la lista de “malos padres desinteresados en la educación de sus hijos que no han pagado la cuota escolar y serán arrastrados al abismo ardiente de aquellos que rechazan la formación institucional heredada por Vasconcelos y otros próceres que con su sangre garantizaron el derecho a la educación”, eso o que no los dejen entrar a la escuela o presentar exámenes.

Los dejo, educadamente, con la esperanza que ya les caiga el veinte a los maestros del CNTE y sindicatos afiliados de que la parte que a ellos les corresponde es educarse para poder educar. Ya si andan marchando como peones de sus líderes de pacotilla, que marchen en sus casas.

Suyo, hasta donde la decencia me lo permite, pueden seguirme en @ElSamurai vía twitter. ¡Otsukaresamadesu!

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