No tengo tiempo para leer

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Algo que me ha detenido mucho últimamente para escribir en un blog o una columna, es el pensar que hoy en día muy poca gente toma unos minutos de su sagrado tiempo para leer algo extenso.

En la actualidad, la lectura de la mayoría consiste en la revisión constante de comentarios y publicaciones breves en general en redes sociales, fragmentos motivacionales insertados en selfies, frases en memes o en videos; no dudo que haya quien pudiendo leer, prefiera ver películas y series en su propio idioma, con tal de llevar el ejercicio de la lectura al mínimo.

Así pues, con esa nube negra de desánimo y negatividad que me caracterizan, llevándole la contra a las masas y retando al destino (ahá, sí), me atrevo a escribir acerca de la importancia de leer, animándolos a ustedes a que también lo hagan (pero de verdad), sermoneándome primero a mi misma.

Ignorante como Peña

Muchos hacen chistes de que quienes gobiernan nuestro país no estudiaron, no fueron a la escuela, no saben ni cómo abrir un libro, decimos que no saben “ler” (chiste viejo).
Algunos todavía se ríen con eso de los tres libros (chiste mas viejo), pero honestamente, ¿hemos logrado incrementar el promedio de libros leídos al año?
¿Seguimos leyendo solo los libros que nos dejan de tarea en la escuela?
¿Realmente leemos o tomamos capturas y fotos del libro que “estamos leyendo”, para que se note que sí leemos y que sí estamos cumpliendo con nuestro propósito de año nuevo de leer un libro al mes?
¿Leemos por gusto o para no quedarnos atrás al competir con otros que “leen mucho y muy rápido”?
¿Estamos aprendiendo y disfrutando de esas letras o nada más pasamos páginas en automático?

Ahora bien, probablemente has reflexionado al respecto y te has dado cuenta que ciertamente no has leído; que tienes acumulados un montón de libros, esos que compraste en la última feria de libros de tu ciudad, de los cuales hasta foto tienes en tu cuenta de Instagram diciendo que a ti te “encanta” invertir en conocimiento.
Cuando tus amigos (quienes te acompañaron a comprar esos libros) te preguntan “¿Estuvo bueno el libro? ¿Te gustó? ¿Me lo prestas?”, te es fácil contestar algo así como “… emm, ¿creerás que aun no lo he terminado? Es que no he tenido tiempo, he tenido muuuuuchas cosas que hacer… y pues lo empecé, pero ya ni me acuerdo de qué iba… a ver si hoy en la noche lo sigo leyendo, cuando termine te lo paso…”.

Claro, el mundo está lleno de buenas y bonitas intenciones, pero al final solo son eso, ¿no?.

Parece que lo que más importa es no quedar tan mal ante una sociedad que no lee, pero que espera que que todos los demás lean.
Tómame una foto así como que no me doy cuenta… porque inteligente y estoy leyendo (a mi nadie me va a llamar ignorante, y mucho menos voy a permitir que me comparen con esos del gobierno, que no leen)”.

Supongamos que leemos, supongamos porque nomás no

A ver, comencemos con lo más importante: la honestidad, en especial esa que va hacia uno mismo (ya sé, suena a cliché).

¿”Falta de tiempo”? Miremos un poco en retrospectiva, analicemos los últimos 7 días y veamos qué hemos estado haciendo con cada minuto.
No necesitas ser escrupuloso en el análisis, basta con darte cuenta que has tenido minutos volando entre tus actividades prioritarias; mientras esperas el transporte público (si no tienes auto propio), mientras viajas en él, mientras esperas a que se caliente tu comida, o en lo que se cocina algo, o mientras comes (si comes solo o sola), en lo que esperas a alguien, o si estás en la sala de espera de un consultorio médico, entre muchos otros ejemplos. Son minutos que bien pueden aprovecharse para leer un par de páginas más de ese libro que estás leyendo desde enero.
Sin embargo, la verdad es que preferimos usar ese tiempo para echar un vistazo a Facebook, ver si esa persona ya le dio like a nuestra foto, o ver cuantos RT tiene nuestro último y maravilloso tuit.

“No, bueno, es que a mi me gusta sentarme relax a leer, ya sabes, que sea especial y bonito, todo un ritual en un lugar adecuado y así, sino no me sabe igual la lectura”, dirán algunos.

Pero entonces, si quieres tomarte tan en serio la lectura, tal vez deberías dedicarle de manera real el tiempo que tanto dices que merece. Por ejemplo, en lugar de ver 4 capítulos de la serie que sigues en Netflix, mejor ve solo dos y usa el tiempo de los otros dos capítulos para leer. O mejor aun, lee primero y si te “queda tiempo” lo dedicas a ver unos minutos de la serie.
Ahora bien, si no eres de los que pasa horas con la nariz metida en Netflix, YouTube o similares, estoy segura que hay actividades que bien puedes recortar si es que realmente quieres dedicar tiempo a la lectura. No sé, puedes tal vez reducir el tiempo de antro, de shopping, de hablar por teléfono para ponerte al tanto de los chismes, o de escribir tantos mensajes en el móvil o estar revisando constantemente si ya te contestaron, de trabajo extra cuando no es necesario (cof cof… trabajólicos), de buscar en Pinterest cosas que no tendrás o que no realizarás, de mantener la casa o el auto super relucientes, de maquillarte o peinarte detalladamente, de stalkear constantemente a esa persona, de jugar videojuegos (incluyendo los juegos de celular), entre muchas otras actividades no básicas a las que dedicamos mucho tiempo.
Es cosa de administrar el tiempo de otra manera, quitando unos cuantos minutos de esas actividades y dedicándolos a la lectura. Haciendo nuevos hábitos, pues.

“No pos’, no”

Ahora bien, si pensar en reducir el tiempo de otras actividades te provoca malestar, incomodidad, ansiedad y prefieres continuar así, entonces mejor sé honesto, reconoce que quieres quedarte en la zona de confort y que en efecto, no te gusta leer, o que sí te gusta, pero no tanto como las otras actividades. Y claro, sé consiente de que no leer o leer muy poco tendrá severas consecuencias en ti y en todos los que te rodean, consecuencias que van más allá de que te llamen “ignorante como Peña”, o que no eres intelectual por no tomarte fotos leyendo un librote o por no usar frases de libros en tus redes sociales.
Las verdaderas consecuencias de no leer (y de no asimilar bien lo poco o mucho que lees) se notan en tu criterio, en tu manera de percibir y entender quién eres y lo que te rodea, en tu ortografía, en tus decisiones, en tus relaciones con los demás y en todo lo que dices y haces.

Ya por último

Si llegaste hasta el final de este post y además eres de los que leen mucho, de esos a los que le gusta tanto leer que hasta deja actividades importantes con tal de leer más y más, pues: ¡Encuentra un balance!, ya que también podrías estar perdiéndote de mucho.

Pero de esto ya hablaremos en otra ocasión.

Akire. 

アキレ_φ(・_・ ) 

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