Peña Nieto Vs. Internet ¿Es en serio?

Publicada en Publicada en El Comentario del Samurái

Esta columna trata específicamente a cerca de las nuevas reformas en materia de comunicación, pero voy a tocar otros puntos que dolerán a uno que otro, así que, anticipo: si tu moralina, tu censura interna, tu recato prudencial pseudopolítico o tu pequeño emperador “de café” se opone a la diversidad en puntos de vista, ahórrate 10 minutos y no leas lo que a continuación dejo.

Siempre he pensado que la web, desde que nació hace muchos años, mucho antes del MP3 y por tanto de los iPhones; que viene desde antes que muchos estudiantes universitarios formaran parte del proyecto de sus padres (que quizá ni se conocían); que ha sufrido con los apodos de “moda pasajera” o “super carretera de la información”; esa web, esa internet, nuestra internet, debe seguir creciendo y madurando. Nació como un punto dónde compartir, un grupo de nodos en los que la gente podía poner información, datos y aplicaciones a la disposición de los demás. Internet nació libre y para dar libertad, en medio de institutos educativos, universidades y bibliotecas. La internet es, por definición, el vasto conocimiento y cultura de la humanidad.

Sin embargo, con la popularización de las conexiones vía modem, luego por cable, satélite, DSL y ahora por celulares, la internet se hizo parte del vulgo, del pueblo y de quien tuviera a la mano un punto de acceso. Si hace 30 años sólo los “cerebritos” de algún instituto técnico se conectaban para comparar resultados de pruebas en el desarrollo de súpercondutores, ahora, lo más común es que el nini de la esquina se conecte desde su celular para mamasear a alguna nena mamasita apretadita chiquita (muévelo, muévelo) mientras escucha con refinamiento algún ragaetón de moda. Ya no es tan común que las conexiones se usen en exclusiva para lo meramente técnico o científico; pero no es malo, todo lo contrario, porque la cultura humana no sólo es conocimiento sobre motores de propulsión de hidrógeno o mecánica cuántica; la humanidad es tan rica como sus personas, como Lupita Nyong’o, de padres kenianos, nacida en México (de donde adopta el nombre por costumbre) y educada en los Estados Unidos. En esta sociedad en tránsito, todos estamos mezclando ideas y patrones, costumbres y gustos. La internet es por tanto suma de lo pop y lo retro, de lo subversivo y de lo narcisista. Todo ello es, pues, humano.

Y por tanto, mientras a unos conviene que la internet se considere un derecho humano al que todos debemos tener acceso, a otros les conviene restringirlo, alinearlo y limitarlo. Yo he sido testigo, personalmente me han dicho, políticos de medio pelo y uno que otro que se considera aspirante a algo “importante”, que la prensa es una molestia y que hay que limitar la internet, callar a la gente y enseñarles quien manda (sic). Son tan poco importantes quienes me lo han dicho que no tiene caso decir nombres; pero también me consta que de manera franca, otros políticos, más progresistas, razonadores y modernos buscan con fervor poner conexiones libres en las manos de la gente. Por respeto y para mantenerme moderado, también me guardo sus nombres.

Ya basta de preámbulos. Ahora viene la discusión acerca de las reformas que Enrique Peña Nieto promueve en el senado, esas que dice la “sabiduría popular del meme”, que quiere usar para callar la internet. En México no es la primera vez que se ofrece un medio legal para poner en orden las conexiones y las redes en nuestro país. Hace meses la sociedad pudo detener la ley SOPA y múltiples variantes de leyes en contra de la libre expresión caídas desde la pluma de Felipe Calderón y muchos diputados y senadores de diversos partidos. Hoy el villano se apellida Peña Nieto, a los ojos de la sociedad “del internet”.

De esta iniciativa, salta a los ojos críticos la palabra bloquear, incluida en el art. 143, párrafo III,, leído así: “Podrán bloquear el acceso a determinados contenidos, aplicaciones o servicios… cuando medie orden de autoridad o sean contrarios a alguna normatividad;”

Lo interesante es que el artículo completo da pauta a regular una de las preocupaciones de la sociedad: la neutralidad. Da fundamento a la libertad, pero regula su ejecución para que no se convierta en libertinaje. Es lo lógico, en un mundo real donde se permite a cualquier infante comprar una resortera, hay padres que cuidan que los niños no anden tirando piedras a los demás, a sus ventanas y sus cabezas. En donde es legal vender alcohol se regula el cómo se vende, quien lo bebe y qué hace después; no se criminaliza el alcohol, pero se detiene a quien por su estado de consumo puede poner en riesgo a otros o a sí mismo, esto, a criterio de las autoridades competentes. Si una mujer se siente motivada al sadomasoquismo después de leer “50 sombras de Grey” no se puede acusar a su marido o novio si se presta a algunas prácticas de fuerza consentida como amarres o golpes solicitados por ella, con todo que sea mujer, con todo que culturalmente se vea malo, si ella lo pide en la privacidad de sus costumbres, no se puede criminalizar; esto, aunque 6 de cada 10 mujeres son maltratadas física o psicológicamente en México todos los días… y en contra de su voluntad.

¿Qué quiero decir? Que vivir sin reglas no es libertad. La internet es una sociedad alterna, un patio de expresión de todos, pero quienes estamos allí no somos avatares impresos en bits y pixeles, somos personas reales, con derechos reales y obligaciones reales. Un mundo sin ley, es una selva sin resguardo; una internet sin reglas, con miles de millones de usuarios, es un pozo de leones hambrientos. Pornografía infantil, abuso de menores, venta de armas y drogas, recetas para estupefacientes caseros, técnicas de seducción contra voluntad, fraudes religiosos, empresas piramidales de productos milagro, virus, robo de identidad, reclutamiento para las mafias, robo de licencias, robo de créditos y cosas similares, que crecen al amparo de la “libertad de expresión”. Esa “libertad de expresión” que permite a una adolescente decidir a sus 14 años que ya no va a comer y desde su blog intercambia recetas para sobrevivir con agua, 1 goma de mascar al día y sin probar alimentos para verse más “bella”. No todo es citas de Paulo Coelho, estrenos pirata y fotos de gatitos.

Pero junto con los derechos vienen las libertades y las responsabilidades. Tener un cuchillo no me permite andar degollando a los cobradores del banco, por mucho que me molesten si les llego a deber dinero. Saber artes marciales no me facultaría para andar golpeando personas a diestra y siniestra en la calle. Tener ojos y boca no convierte mi masculinidad en plataforma para el acoso sexual, sólo porque soy hombre; porque una sociedad civilizada, pone los derechos de otros al nivel de los propios.

Lo interesante, es que ahora la gente, defensora de sus derechos y libertades, acusa al gobierno de indiscriminadamente robarnos la libre expresión. Esa sociedad que acusa a Peña de no leer (es tan retro eso) es la que no ha leído la reforma íntegra; no ha leído ni siquiera el artículo completo. La sociedad no lee. La gente que acusa al presidente de callar libertades es la gente que no usa sus derechos para desarrollar su intelecto y su cultura. Nuestra sociedad, la que tiene derechos intocables, no los usa o los corrompe, o se los salta, porque si eres ciudadano no está mal darle lana a un funcionario para acelerar un trámite, ni es malo evadir el alcoholímetro, o vender cerveza a menores, o forzar a una menor de edad a tener sexo, o pasar estupefacientes en un antro. Si eres sociedad, puedes presumir en las redes que te emborrachas hasta perder el sentido y que lo haces cada viernes, sábado y domingo. Pero que la autoridad no intente poner orden.

¿A quién beneficia una internet censurada? Desde luego que intereses oscuros y corruptos. Por eso el senado ya no discute la inclusión de internet en esta reforma. Ya se eliminó, sí, por completo. En comisiones se discute la forma final de esta ley, la cual no puede pasar con algo parecido a la censura, sobre todo si la misma propuesta intenta definir la libre elección y la no discriminación como bases de la sociedad que accede a la web.

En diciembre de 2013, entró al senado una iniciativa de dos senadores priístas que intenta dar marco legal a los derechos de autor, pero en realidad sólo beneficia a los que no quieren que copies sus materiales abiertamente. Dicha ley, no ha sido atacada por la gente que hoy se queja en borregada.  Dicha reforma puede bien acomodarse en la presente, pero allí tenemos un ejemplo claro, de que la gente no lee. ¿De qué sirve acusar al presidente de no leer, cuando la sociedad no lee? Sería un error que Peña Nieto apoyara una ley así, dije entonces, y lo sostengo. Por eso es bueno que se discuta y si conviene, que se quite del camino una ley que no es adecuada. Un gobierno que propone y cede al debate nacional, es entonces un buen gobierno.

Por otro lado, perdónenme, pero ya no se puede esperar más. Cada mes que pasa, la internet envejece medio año humano de vida fuera de la red. Internet crece más aceleradamente que nosotros y nuestra moralidad doble y absurda. Mientras tú te sientas a hacer un meme copiando el diseño amarillo de librerías Gandhi, alguien puede estar haciendo algo ilegal que te perjudica a tus espaldas, y no precisamente el gobierno. Robarse tu señal de WiFi, por ejemplo, leer tus correos en la oficina mientras vas al baño, copiar tus datos de crédito al darte de alta en un servicio por internet, usando tu correo para enviar SPAM o tu computadora para almacenar virus.

Por otro lado, el artículo 195 habla de los casos en los que se podría bloquear la comunicación. Casos como en los penales, donde los presos dirigen secuestros y robos desde un teléfono con internet. También, como se critica, entran aquellos casos que se consideran “lugares o eventos críticos para la seguridad”; es decir, no más fotos de protestas, mítines en contra de alguna autoridad o tuits invitando a la gente a quejarse de algún político. En este caso, considero que es bueno que se saque de la ley este punto, porque falta claridad y definición de términos. Sin embargo ¿quién se beneficia más de quejarse por algo así?

Si bien hay millones de personas que no concuerdan con las políticas del gobierno, también no son tantos los que buscan expresarse de maneras violentas en las calles. Muchos sólo salen a ondear una bandera y pedir cuentas a las autoridades, eso no puede coartarse ni limitarse. Sin embargo con ellos se mezclan, más últimamente, personas de corte político neto que buscan una plataforma de crecimiento y que inspirados en las revoluciones de la primavera intentan robarse el foco político y hacerse de un lugar. Un Fernández Noroña, por ejemplo, que discretamente amenaza hablando del próximo inicio de una revolución y que mueve poco a poco, de ciudad en ciudad, a quienes quieran romper el gobierno actual en base de mítines, plantones y lo que venga. Todos queremos un mejor gobierno, pero no todos lo queremos por la vía de la revuelta social. Yo no quiero una horda metiéndose a mi casa a quitarme mi computadora sólo porque ellos no tienen una y, como es la revolución, se vale. Creo que también la sociedad debería de definir con claridad qué es una protesta fuerte y categórica y qué es una revuelta que desestabiliza a la sociedad, porque en esos amotinamientos muchas veces no hay un ángel bondadoso que luche por el bien común detrás; también hay intereses personales, del crimen, de partidos y de ninis que sólo les gusta el caos.

Internet tiene una infinidad de ideas, cosas buenas, aprendizaje y música. Se debe privilegiar el streaming del audio, la libertad de expandir ideas, de compartir con otros. Se debe reforzar la libertad, pero con ayuda de lo legal, porque si no, entonces no es libertad, es una ilusión que cualquiera me puede robar.

Lamentablemente Enrique Peña Nieto tiene el reto de impulsar reformas que cambien a este país, reformas que se debieron hacer antes, que por lo mismo van incompletas y muchas veces con datos inconclusos o equivocados. Pero esta ley, ya leída completa, está llena de detalles indispensables y necesarios desde hace al menos 20 años. Hoy cada teléfono inteligente es un nodo, un punto de acceso aun mundo mayor. Es injusto que se censure, pero también es ilógico que no se modere. No puedes esperar que todos allá sean santas palomas con un poco de razón en sus mentes; hay, más allá del político común, millones de personas que te quitarían algo de valor sin que lo notaras y todos estamos en ese mismo universo, desprotegidos, sin una ley que defina lo bueno y lo malo con claridad. Libertad de expresión no es tomar fotos de menores sin ropa, por mucho que en tu timeline de twitter presumas que te gusta. Libertad de expresión no es insultar homosexuales, acosar mujeres o presumir tu “empedamiento” continuo, por mucho que te sientas “hombre”.

Y está bien, que nos expresemos a favor del debate y la defensa de los derechos. Pero, por Dios, dejemos esa doble moral hipócrita, dejémonos de criticar lo que no conocemos sólo porque lo vimos en el “feis” de otro. Lee la propuesta de reforma a la ley completa, a ver si es cierto que tú sí lees. ¿Cuantos libros leíste el año pasado? ¿Los recuerdas? ¿Los comprendiste? ¿Por qué sólo usas tu conexión para quejarte de un tema que no entiendes pero que te dijeron que te afecta y sin conocerlo participas en una crítica sin altura ni debate? Desde luego que estas preguntas no son para todos, son abiertas. Pero es necesario que leamos y conozcamos algo antes de criticarlo, aunque cites a “expertos” y tomes pauta de las críticas de otros “informados”. Antes de quejarte de lo que no conoces, infórmate, lee, usa tu libertad para conocer otros puntos de vista.

Y lo digo sin defender a nadie, más que al derecho de estar informados y pensar distinto; pero con respeto, si no, no es libertad. Otsukaresamadesu.

Foto: (cc By 2.0) Beatrice Murch blmurch

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