El Comentario del SamuráiOpinión

Protestas en Zombieland

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Una de mis películas favoritas es Zombieland. Es una curiosa combinación de sangre a más puro estilo gore con comedia estadounidense, que sin caer en obscenidades, hace reír con su simpleza y desafiente humor negro. Bueno, no desafiante, pero quería usar esa palabra y no había dónde acomodarla. Pero en un momento la pongo donde debe ser, no tenga usted cuidado.

Uno de los momentos más dramáticos, porque los tiene, es cuando Tallahassee, interpretado por Woody Harrelson, el tipo rudo de la película; cuenta cómo los zombies se llevaron a su “cachorro”, que resulta ser ni más ni menos que su hijo preescolar y en ese momento, menciona Columbus, personaje principal y narrador, que cuando a un padre le quitas un hijo, lo dejas sin nada. El breve instante de dolor es barrido por dos chistes simplones, pero muy contrastantes y la poca miel se lleva lo amargo de los labios (por alguna razón me acordé de Dulce Dauzón).

Zombies, pizza y coca-cola en la sala con mi familia. La Pádawan casi en pijama, mientras Akire San, mi ñora, se ríe conmigo al ver la película. Llueve. Y estamos en casa cómoda y culposamente. No se crea que estamos pasándola de maravilla, la verdad es que no nos quedó de otra.

Me quedé atorado porque desde hace dos días que pasé al cajero electrónico, esa maquinita que parece a veces burócrata sindicalizado, nomás no me quiso dar los billetes de mi cuenta que le pedí amablemente con mi NIP. Según la Inteligencia Artificial, a la que no le veo nada de inteligente, carecía de billetes para la operación. Intenté negociar con ella, pero, incorruptible, no aceptó sobornos, mochadas ni lágrimas. Intenté usar mis influencias pero nomás no, y hasta mi tarjeta me devolvió, expulsándome de su cabina sin misericordia.

Luego, ayer no pude salir por dinero y mi esposa se mochó con lo que podíamos pedir sin salir de casa. Hoy fue lo mismo. Llevamos dos días atorados aquí, sin poder hacer nada más que una vida de ermitaños, mirarnos los rostros y jugar un juego de bolitas de colores muy enviciante en el iPad. Somos, eso sí, afortunados. De las lejanas tierras del Centro de Xalapa nos llegan imágenes gracias a nuestro amigo y colaborador Carlos Villalobos, de entornoveracruz.com.mx, en las que se aprecia la misma cantidad de paristas que el domingo pero multiplicado por tres. Es decir que, si mi libro de Baldor no miente, si el domingo había un chingo de personas, ahora hay tres chingos.

Les debía la palabra “desafiante”. Aquí es donde queda. Maestros desafiantes. Caminan desafiando la ley ya aprobada, desafiando al Gobernador que no puede quitar la ley aunque lo pidiera, desafiando a una ciudad entera de la que al mismo tiempo, piden el apoyo. Eso sí es ser desafiante. Ya se, que puede enojarse conmigo usted que lee, porque no salí a marchar con los maestros, defensores del derecho cívico y heraldos de la libertad educativa. Peor, me reclamará por adelantar mi viernes al miércoles; pero de eso no tengo yo la culpa, de hecho no me gusta, pero de verdad no me han dejado opción, porque el cajero más cercano me queda lejos, no tengo carro y no llegan taxis o camiones por acá en este momento, porque ¿qué cree? No los dejan pasar los defensores de mis derechos y de la educación de la Pádawan.

Y ese es el punto que me enoja más del asunto. Yo he defendido mis derechos educativos y junto con Akire, hemos defendido los de la Pádawan desde chiquita. En el kinder ella se quería ir a jugar, pero no lo permitían sus maestras porque había que hacerla entrar al molde. Quiso ir a convivir con niños de otros salones y nos mandaron a llamar muy preocupadas las educadoras porque decían que eso no era normal. El año pasado, cuando iba en quinto, intentó mostrarles a sus compañeros la música de los Beatles y la mandaron amablemente a freír espárragos porque no suenan a Raegetón. Eso sí, el subdirector no tuvo miedo de gritarle y jalonearla un día que por confusión, la obligaron a quedarse en contra de nuestra voluntad a una clase extra con la que no estuvimos de acuerdo. Ha sido muy complicado y eso que me tocó ser presidente de la Asociación de Padres de Familia hace unos años y luchar para que se construyera un aula de medios y biblioteca, ya saben lo que eso significa y el daño mental que produce… las terapias fueron difíciles, pero allí está el aula. Y es que como Tallahassee, el de Zombieland, los padres damos todo por nuestros hijos, aunque la experiencia sea traumatizante, porque lo son todo para nosotros.

Sin embargo no podemos estar de acuerdo de facto con las quejas que se realizan impidiendo los derechos de los demás o peor aun, lastimando a personas que no tienen nada que ver. Los maestros quejosos nos dicen que quienes defendemos o estamos de acuerdo con la reforma estamos vendidos pero se olvidan que también hemos estudiado la reforma y las modificaciones posteriores. Se olvidan que mucha prensa escribe en contra del gobierno porque no reciben convenios de publicidad y es su manera de desquitarse; o la publicidad la pagan poderes externos opositores. Yo prefiero decir lo que pienso por mi mismo y de a gratis, así, como las mejores cosas de la vida.

Hoy es un día de pérdidas para Xalapa, capital de Veracruz, donde miles de maestros andan como zombies en las calles, con hambre y devorando el tiempo y los derechos de los demás. Sus pancartas dicen que lo hacen por nosotros, pero no nos explican en qué; sólo nos intentan hacer creer que la reforma nos obligará a pagar los servicios de la escuela, cuando hasta ahora son ellos los que nos obligan a mocharnos con la lana para eso, el café y as galletas desde el inicio de clases. Se quejan de la posibilidad de que los concursos y exámenes a los maestros se vendan, cuando ellos mismos tienen varias plazas y las heredan sin problema; buscan a familiares que los acomoden en los planteles más cercanos, compran resultados de los exámenes de la carrera magisterial y reciben regalos de alumnos para pasarlos con mejores calificaciones y no digamos ya, que se pongan a dar clases, muchos sólo checan tarjeta y luego se las arreglan para estar tomando café todo el día. Lamentablemente, los maestros dedicados a los alumnos, los que se deben a ellos, son muy pocos.

Hoy todos esos esqueletos quedan colgando en el armario de los maestros, pues salen puros y limpios, sin dejo de suciedad en sus propósitos a defender los derechos de los mexicanos. No importa que las ambulancias no puedan pasar, o que la gente pierda el pago de un día de trabajo, o que las empresas cierren perdiendo un día de ventas, que los vehículos consuman combustibles carísimos por estar horas aparcados, que la gente deba improvisar con pérdidas lo que normalmente luchan por sostener para irla pasando.

Tal vez los maestros creen que todos están como yo, hoy de manera desesperada y evasivamente desesperada, comiendo pizza y viendo una película, pero mañana se me acaba lo entretenido. Las pérdidas son millonarias a estas alturas para aquellos que los maestros están, alegan, intentando defender.

Pero no, por favor, si así son las cosas, no nos defiendan. Si esta marcha mejorará la sintaxis y la ortografía de los maestros de la Pádawan, puede que ganen algo de mi apoyo, pero me parece que no será así. Creo que lo que necesitan, maestros, es estudiar y aprender algo de civilidad y gobernancia.

Acepto que lo de la pizza fue un recurso desesperado para evadir la realidad, la cual continúa terminada la película de zombies. Llueve de nuevo y los maestros y sus acompañantes agregados de otros grupos activistas siguen en la calle, con lluvia y con lodo. Sólo falta que nos muerdan.

Desde mi bunker, esperando nos liberen los educadores en respeto de nuestra libertad de tránsito, los saludo con esta revolucionaria frase: “lee un libro, informate”. Síganme en Twitter desde @ElSamurai.¡Otsukaresamadesu!

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