Foto por Pete Johnson de Pexels

¿Tiembla más ahora que antes?

Parece lógico pensar que con la existencia de internet, el conocimiento y el buen criterio tendrían un incremento, pero esto no ha sido así.

Es muy claro ver cómo la información seudocientífica puede expandirse fácilmente en redes sociales sin que la mayoría de los usuarios recurra a la comprobación o verificación de las noticias o fuentes de donde provienen estas mismas. Tal es el caso de la información que se transmite acerca de la actividad sísmica.

Es fácil escuchar en algunas pláticas comentarios como: “Últimamente tiembla más” y alguien que responda: “Es cierto, a cada rato sale en las noticias que tembló en alguna parte”, no falta el religioso o supersticioso que diga que “es una señal apocalíptica”, incluso uno más diría: “Pobre planeta, ha de ser el calentamiento global”, en cuanto a esto último, si bien es cierto que le hemos hecho daño a nuestro planeta y que sí hay un calentamiento global, son asuntos diferentes.

Ahora bien, la existencia de sismos de magnitudes diversas no es algo nuevo, entendamos que por las características de nuestro planeta, este se ha mantenido muy activo desde su origen. Lo que sí es nuevo es la presencia del ser humano (si lo vemos en contexto del Calendario Cósmico y el tiempo que tenemos los seres humanos habitando la tierra), todavía más nuevo que nosotros es la tecnología que nos lleva a mantener constante interacción con gente de todo el mundo, las 24 horas del día, desde cualquier lugar, todo en una gran y útil red. Por lo que, compartir información velozmente era algo impensable hasta hace muy pocas décadas, qué decir si nos remontamos a inicios del siglo anterior; más aun si pensamos en una época un poco más lejana como la edad media, en donde documentar los hechos de un evento natural como un sismo, no era tan simple como sacar un dispositivo móvil y transmitir en vivo para que a todos les quedara claro que estaba temblando.

También podemos decir que es reciente la capacidad que se tiene para medir cada sismo, ya que el sismógrafo se inventó en 1841 (parece muy remoto, pero en realidad no ha pasado demasiado tiempo desde entonces). Más reciente aun es la existencia de sensores que pueden mandar alertas de sismos segundos antes de que estos ocurran en donde estamos, como el  Sistema de Alerta Sísmica de México, que comenzó a operar desde 1991, siendo de los primeros sistemas de prevención en el mundo.

Por su parte, la memoria a corto plazo acerca de los eventos naturales no ayuda mucho que digamos en cuanto a información real se trata, ya que la esta se va modificando en la memoria de las personas y va cambiando en cada narración de generación a generación (como un teléfono descompuesto), y aunque hoy existan datos completos de los sismos ocurridos en los últimos años, se tiene muy poca información de los sismos acontecidos en la antigüedad.

Por todo ello, sitios como el del Sismológico Nacional dicen claramente :

“El catálogo de sismos con magnitud y epicentro en México comienza en 1900. Antes de esa época no había instrumentos sísmicos como los actuales y no era posible hacer cálculos a partir de sismogramas. Los paleosismólogos han podido estimar la magnitud aproximada de algunos sismos previos a esa época únicamente a partir de descripciones históricas y observaciones geológicas.”

También a los volcanes les arman chismes.

Lo mismo ocurre con los volcanes. La gente se alarma al ver en las noticias títulos como: “Incremento en la actividad en el Cinturón (o Anillo) de Fuego”, el nombre en sí podría parecer temible, pero solo lo tiene como una referencia geográfica.

Cuando escuchamos “volcanes en el Cinturón de fuego” pensamos que se trata de una red de volcanes conectados entre sí. Por esto mismo, es fácil pensar que si “de repente” un volcán presenta actividad inusual, otros volcanes en alguna otra parte del mundo harán lo mismo. Sin embargo, aunque muchos volcanes activos coincidan geográficamente en lo que se conoce como Anillo o Cinturón de fuego, no están enlazados, es decir, que no comparten la misma cámara de magma, ya que cada volcán tiene la suya.

Foto por Marc Szeglat en Unsplash

Finalmente.

Podemos resumir que, no hay más sismos que antes, es que nos enteramos con más frecuencia de que tiembla gracias a las tecnologías actuales de información y de prevención. Estamos rodeados de posibilidades para enterarnos de algún desastre ocurrido en cualquier parte del mundo.

Hagamos uso de esas herramientas de manera responsable, sin difundir rumores. Desarrollemos más una cultura de prevención y de investigación.

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Akire San

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